« volver

Día del profesor: ¡Carta abierta de un profesor de HSLF a sus compañeros!

Buenas tardes a todos compañeros, Acabamos el día habiendo vivido situaciones alegres, felicitaciones y homenajes. Por suerte cada día hay más reconocimiento, desgraciadamente aún no el suficiente, para una de las profesiones/vocaciones más importantes del mundo.

Nos asemejamos así a Cristo por la naturaleza de compartir, de mostrar, de enseñar y también de aprender mientras se enseña…, en definitiva por la naturaleza de querer o de amar. Y es que, en mi caso, parece que fue ayer mismo cuando empezaba en el cole dando extraescolar de fútbol, sustituyendo a un calvito que por entonces tenía algo más de pelo, y resulta que ya hoy soy profesor de muchos de los alumnos de este cole, además de tutor de mis guerreros de Segundo A. Recuerdo que a su edad viví posiblemente la mejor época de estudiante. Lo que nos pasa en el colegio marca nuestra vida. Allí suceden cosas que se graban a fuego en tu cabeza y en tu corazón, y que seguro acabas trasmitiendo a hijos y a nietos. Sin ir más lejos, por ejemplo, estoy seguro de que muchos de nosotros aún hoy somos capaces de recordar a todos los compañeros de nuestra clase, con nombres, apellidos y en orden de lista.

A menudo, como profesores, pensamos con ellos en esa mezcla de vivencias que crean nuestra personalidad o nuestra esencia en esta época de la vida que comparten con nosotros. Está claro que la base de esa personalidad está en casa, donde marcan el paso los padres, pero también influyen mucho los amigos o compañeros del cole. Al final, pasar tantas horas en un mismo lugar durante tantos años de tu infancia y parte de tu adolescencia, forjan vivencias que te hacen crecer y madurar mientras te haces mayor. Pero hoy no es turno de los estudiantes, si no turno de los adultos del centro que comparten también esas vivencias de las que hablamos. Seguro que a todos nos pasa que recordamos a muchos profesores que de una manera u otra se convirtieron en una referencia para nosotros, a veces buena o muy buena, pero quizás a veces no tan buena, aunque de todo aquello sacamos algo positivo.

A la conclusión académica que solemos llegar, es que nos ayudaron a comprender que estudiar es importante, porque así te ganas el derecho a elegir por ti mismo un camino o una profesión, y que si no lo hacemos, entonces es probable que sea un número insuficiente el que elija ese camino por ti. También nos enseñaron algo importante, y es que llegado el momento, deberíamos elegir entre buscar felicidad y realización, o buscar sueldo y rutina.

A día de hoy es más fácil de descifrar ese mensaje que ellos quisieron mostrarnos: que lo más importante es saber qué es lo más importante. Bien, pues hoy día nos toca a todos nosotros mirar desde el otro lado, y deseamos explicarles lo que nos tocó vivir; y que las riñas, las reflexiones o las palmadas en la espalda son porque deseamos lo mejor para ellos el día de mañana…, deseamos ayudarles como si fueran hermanos pequeños, sobrinos o incluso hijos, algunas veces nos comprenden y otras no tanto.

Y dejando de lado lo académico, insistimos en mensajes como que personas con buenos valores siempre salen adelante, más tarde o más temprano, con más o menos éxito, pero siempre progresan, porque esa gente siempre suma y siempre construye. Todos nosotros tuvimos un motivo para ser profesor: en mi caso fue por la ilusión de trasmitir…, la ilusión de dar herramientas para ser feliz a los que aún no las tienen…, la ilusión de formar personas y profesionales con el mejor de los deseos. Profesores había de todo tipo: recuerdo sabios y filósofos, insistentes y matemáticos, con gafas, con motes, gruñones, guapos y guapas, cercanos y comedidos… Con los que suspendí me enseñaron a no conformarme y superar el reto. Con los que aprobé me ayudaron a reconocer el esfuerzo necesario y a valorar que todo tiene un precio. Pues bien, cuando ayer intentaba recordar no me acordaba tanto de los ríos, las raíces cuadradas, los verbos o las guerras mundiales que nos tocó aprender en cada curso…,

Pero de lo que sí me acordaba fue de cada profesor que me apoyó…, del que no me dejó caer…, del que me miró cuando nadie más lo hizo… y del que me arropó o comprendió cuando ni yo mismo me comprendía.

A todos esos profesores que me influyeron haciendo que me quisiera parecer a ellos por lo que hacían y por cómo lo hacían: GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. En resumen, y ya acabo, os lo prometo, creo que la clave que compartimos todos los que estamos aquí, es que un profesor NO ENSEÑA CON LO QUE SABE, ENSEÑA CON LO QUE ES. Es momento perfecto para dar gracias eternas a Dios por mostrarnos este camino y por elegirnos para la vocación de enseñar, que en mi opinión es la profesión más maravillosa que existe. “El toque de un maestro es capaz de cambiar vidas, el toque de esas vidas es capaz de cambiar el mundo”

Buen día a todos y a disfrutar por lo que somos hoy y lo que significamos.